lunes 3 de marzo de 2008

Divismo

Divismo. Palabra manchada donde las haya. La gente la tiene en la punta de la lengua y llaman divo al que exige calidad. El motivo de esta entrada del blog no es precisamente un acto de divismo echado en cara, sinó más bien una reflexión que hice mientras iba en moto a toda leche (respetando las normas, que ya somos adultos) a buscar unas cuantas DIs al local de ensayo, mientras mi compañero de grupo montaba él solo el escenario, a destiempo y asediado por la mirada de desgana de los técnicos de la sala. Íbamos fuera de horario y claro, la tensión surge cuando los grupos quieren sonar bien pero los técnicos quieren llenarse el estómago. Que ojo, estan en su pleno derecho.... Aunque entonces yo me acuerdo de que, cuando en mi trabajo me piden tener algo listo para el día siguiente y es urgente, pues no se duerme... Ya se dormirá mañana... Entonces... ¿Quien es el divo aquí? ¿El músico? Yo más bien diria que el técnico, que quiere cobrar el alquiler de la sala sin trabajar mucho...


Sucedió el pasado viernes, dia en que actuamos con nuestra banda en una sala de reciente apertura en Barcelona. Éramos bastantes bandas y, como sucede siempre, todo se retrasa. Es algo que debe tenerse planificado a nivel de gestión de sala, más que nada porque es IMPOSIBLE que todo vaya bien cuando se coordina a más de 20 personas con vidas y horarios diferentes. Se nos dijo que no haríamos prueba, sinó que enchufaríamos y listos, y nos negamos a actuar. ¿Es mucho pedir sonar bien? Estamos hablando de música, ¿no? Hasta donde mi percepción alcanza, la música se transmite ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE a través del sonido, por lo que digo yo... si yo me dedico al transpote escolar con autobuses, éstos tendran que tener las ruedas infladas, ¿no? Así que si yo me dedico a hacer música... la cosa tendrá que sonar en condiciones, ¿no? Pues parece ser que no, que parece ser que lo de tocar en un grupo es para echar la noche y hacerse unas copas, que es igual como suene, que total, "siempre suena fuerte", "sois muchos y es imposible", "lo importante es pasarlo bien", "nadie lo ha notado". ¡Pues que carajo, claro que es para pasarlo bien, para echar unas copas y que poca gente lo nota, pero no por eso debe marginarse la calidad!


Sigamos con la historia. Tras esto, y pese a haber enviado el rider técnico a la sala con los requerimientos técnicos, estos no estaban cubiertos el día del concierto y tuve que volar por la Ronda Litoral hacia Badalona para conseguir, en apenas 20 minutos, lo que los encargados de la sala no habían conseguido tener disponible con 7 días de ventaja. Yo a eso le llamo... ¿incompetencia?


Bien, mientras iba en la moto a cubrir la ineficacia de otros, me surgían todas estas dudas contradictorias y procedía al cambio de mentalidad, al punto de inflexión en mi vida y en mi faceta de músico. Mi profesor de producción musical, grandísimo donde los haya, me dijo en su día que el músico se margina por defecto, y que el sistema se aprovecha de ello. ¡Cuánta razón tenia! No, no está bien no poder probar sonido. Y no está bien que, cobrandome el abusivo alquiler de sala que me cobras, no seas capaz de tener las 3 DIs que te pedí en el rider técnico y me digas que intente meter mis seis canales de audio por 3 DIs. ¿Pero que mierda de servicio de alquiler de sala es éste? ¿Que negocio tan mal llevado es éste? ¡Por favor!


Ahora los divos ya no son los músicos, que exigimos tener nuestros 20 minutos de prueba de sonido y todo a nuestra disposición. Ahora, con lo que se cobra por alquilar una sala, con el abuso que supone y el desembolso económico, los divos son los encargados y los técnicos que no comprenden el esfuerzo económico y personal que hay detrás de esa llamada donde decimos "queremos la sala para el dia X por la noche, os pagaremos por adelantado". Creo que no tienen ni idea de lo que hay detrás de esa decisión. Como antaño hacía el músico con las clausulas ridículas ("yo no toco si no hay cerveza Moritz en la nevera del backstage"), ahora son ellos los que se escudan tras ridículas excusas para no mover un dedo ("es que sois muchos, y esto no estava previsto, y se nos hace tarde y tenemos hambre"). Porque sí, son excusas baratas, porque teníais toda la información por adelantado y sabíais lo que sucedería, porque por eso sois profesionales del sector y teneis la experiencia necesaria para salir airosos de una noche de concierto cualquiera en una ciudad como Barcelona. ¿O no? Porque entonces, no os dediquéis a vender un servicio que no sois capaces de cumplir.


Y el que piense que todo esto es por 3 DIs, es que no ha sabido leer entre líneas. Se debe ser flexible y colaborar con las salas, pero existen límites, y uno de ellos lo marca el precio. Puedo tolerar que mis muebles de IKEA se estropeen, porque es lo que hay y si lo he comprado en IKEA, pues me la juego. Pero lo que no puedo tolerar es que alguien que en el fondo es IKEA me venda sus muebles como si fuera Muebles La Fábrica. Ahí se ha superado el límite.

Desde aquí animo a todos los músicos de todos los sitios que lean esto y esten de acuerdo a que actúen en consequencia y que exigan la calidad que el abusivo precio de los alquileres de salas
presupone. Es por el bien colectivo; no os automarginéis.

lunes 31 de diciembre de 2007

Reverend and The Makers - The State Of Things

Tiene 25 años, se llama Jon McClure pero se hace llamar The Reverend, ha militado en varias bandas (junto a miembros de los actuales Arctic Monkeys, por citar algunos), pero nunca ha salido a la palestra porque se considera independiente. Va a su olla y por eso ha rechazado contratos de las grandes para firmar por Wall of Sound, un sello que le dejaba decir y hacer a voluntad. Nació en Sheffield, ciudad industrial inglesa, y ha parido uno de los mejores discos electro e indie del 2007, a mi parecer: "The State Of Things".

Habla del día a día. En sus letras afirma que te explicará como estan las cosas, cual es el auténtico estado de las cosas, aquél que no te explican en la escuela. Te explicará de qué va la vida desde el punto de vista de un joven occidental que ronda el cuarto de siglo, nacido en una mediana ciudad inglesa de tradición industrial (y también de amplia tradición musical). No se callará, porque tiene cosas que decir. Y las quiere decir, pero quiere que mientras las escuchas, bailes sin parar y que lo pases bien.

Encuentro que es un acto de sinceridad extremo, porque realmente, ¿quien dice algo hoy en dia? Las palabras suenan grandes ("el mundo esta así, el mundo esta asá, la sociedad, etc"). Ante esta visión, él simplemente explica lo que le parece mal en función de su percepción de la vida, la percepción que un joven inglés del primer mundo puede tener. Dice palabras grandes, pero no suena pedante, aunque sí adolescente a veces. Pero esa es la realidad de la mayoria de la juventud veinteañera (y treintañera) del siglo XXI: la adolescencia se prolonga.

Por eso nos habla con ironía de los detectives de butacón ("Armchair detective"), gente que necesita opinar (sea lo que sea, indistintamente de lo distante que esté de la realidad), porque si no opinas hoy en día, alguien lo hará y te dejará por debajo de él. Nos habla del campeón del mundo de pesos pesados ("Heavyweight champion of the world"), esa persona que vé pasar el tiempo en su sofá y que deja correr todos sus sueños, alienado. Habla de esas aventuras emocionales raras de la gente de hoy en día, que el cotilleo de barrio ayuda más a hacer correr la voz que no Internet ("What the milkman say"). Habla también de que no puedes apresar a tu pareja si realmente vivís en planetas diferentes ("Open your window"). De que quiero irme de vacaciones y rebentarlo todo ("18-30"), de que a veces los ex tienen sexo pese a que no se recomiende, según dicen ("Sex with the ex"), y de que no todos los tíos somos iguales, algunos nos lo curramos ("Miss Brown").

¿Curiosos temas, no? Pero no son otra cosa que los temas que puedes oír debatir horas y horas ante cervezas y bajo músicas estridentes en cualquier antro decadente en una noche cualquiera en una ciudad, a día de hoy. Nada más cerca de la realidad de la mayoría de la juventud. Existen otras realidades, pero no neguemos: el ambiente donde esta música se escucha está plagado de historias postadolescentes como las que en este disco se explican. Y se explican con la música que la gente que las sufre quiere oír.

Por eso considero que es un disco redondo. Por su acercamiento a una de las realidades existentes, y por su concreción musical. Totalmente recomendable. Ya os lo podéis bajar de Internet.

martes 4 de diciembre de 2007

Puzzle sonoro

Creo que no hay mejor definición para el acto de mezclar una canción que decir que es como completar un puzzle sonoro. Todas las piezas estan ahí, sobre la mesa (de mezclas), más o menos enganchadas, más o menos desordenadas; cuantas piezas tengas depende de qué has grabado y cómo (una banda en directo, una producción con músicos independientes que han aportado cada uno su interpretación, etc).

Mezclar y producir una canción es hacer que ese puzzle quede, en primer lugar, completado (mezclar) y, en segundo lugar, que puedas colgarlo en la pared con un buen cristal protector (producir), para que sea digno de ver (si es que un puzzle colgado es digno de ver alguna vez...)

Se tiene que tener habilidad y buen oído pero, ante todo, se tiene que tener mucha experiencia y mucha dedicación. Hacer que encajen las piezas sonoras es una faena rutinaria hasta el punto en el que la rutina permite (cortar graves en los platos de bateria, comprimir el bajo, poner un poco de reverb, etc), pero llega un punto en que los procedimientos se agotan y, si aún no suena, es cuando empieza la odisea por encontrar ese delicado equilibrio que hace que aquello ande, que tenga ritmo, que tenga harmonia, presencia, que esté completo.

Todo el mundo puede llegar a mezclar con decencia, pero en el delicado arte de la producción destacan sólo unos pocos que son capaces de hacer que cualquier canción llegue a niveles insospechados y que respiren de alguna manera. Por eso numerosos artistas escogen a su productor musical: porque sólo ellos son capaces de hacer llegar esas canciones hasta donde quieren llevarlas. Porque la mayoria de músicos suelen ser buenos músicos, pero malos productores de su propia música (¡no así la de los demás!).

Es una gran sensación cuando alguien coge tu puzzle sonoro, ese puzzle que ya no sabías como resolver, que te llevaba de cabeza, y con unos simples movimientos de faders consigue lo que tu no has conseguido en días. Es en ese momento cuando te das cuenta de que no todo está escrito y que no todas tus canciones divagan sin definirse. Porque para tí, aquello que suena tras esos retoques claves es la mejor canción del planeta, y todo gracias a esa visión externa, esa experiencia y ese saber hacer de la persona que ocupa esa posición final en el proceso de grabación de cualquier canción.

¡La cosa marcha bien!

martes 13 de noviembre de 2007

Tocar, sentir, tocar

Eso es lo que hace falta. Tocar, tocar y tocar. Para sacar algo bueno, pero sobretodo para que se note la emoción, el sentimiento. Hace falta más sinceridad en las grabaciones. Porque puedes programar música, puedes poner notas MIDI en un pentagrama y hacer que suenen a través de mil plugins de sonido, puedes hacer una canción en una hora y forrarte, hacer un disco de OT o sacar un bochornoso lamento boliviano cualquiera. Pero morirá pronto, muy pronto. Tan pronto como pase la novedad. En cambio el sentimiento perdura, porque es de las pocas cosas que a través de los siglos el ser humano conserva prácticamente inalterable. No como los sonidos y las cadencias, que cambian con las modas y las tendencias, a través de los lustros. Un sentimiento es igual ahora que hace 3000 años, no así los sonidos.

La clave de la no caducidad de una buena obra de arte es, pues, el sentimiento que hay en ella. Es difícil, pero debe buscarse esa durabilidad cuando uno hace música, pintura, literatura, cine... Y debe ser así, porque sinó no estariamos hablando de arte. Estariamos hablando de... no sé, ¿que coño hacemos? Ahí esta el problema de mucha gente. ¿Para qué haceis música?

domingo 28 de octubre de 2007

El destino de las canciones

Estamos actualmente en plena grabación de disco debut con mi banda. En él se mezclan canciones de nueva hornada con canciones que tienen algunas hasta seis años de antiguedad. Todo sea dicho: estas canciones tan antiguas han sido grabadas, regrabadas, remezcladas, remixeadas, y re-todo. Las de nueva hornada son más frescas, mas directas. Partiendo del principio de que publicamos el disco de debut en breve y teniendo canciones ya grabadas (algunas con una calidad excelente) y material nuevo, hemos tenido que tomar la decisión de qué hacer: ¿volverlo a grabar todo para unificar el sonido? ¿O grabar las canciones nuevas y dejar las existentes como estan?

Parece una decisión fácil a simple vista: bueno, si suenan bien las que ya se tienen, pues se graban las nuevas y listos. Más económico, más rápido y así tenemos el disco publicado antes, con lo que podemos empezar a hacer promo y conciertos más pronto. Pero es una decisión equivocada en nuestro caso, en una banda como la nuestra, en esencia un dúo de música electrónica (a lo largo del tiempo) pero que ha contado con miembros duraderos y que han aportado su particular sonido, plasmado en las canciones, en su momento. Son miembros que ya no están, y que hicieron que la canción respirara de esa manera, pero ahora esa canción no puede tener más ese sentimiento.

Así que a día de hoy, y de nuevo reducidos a dúo, hemos tenido que tomar la decisión más laboriosa pero coherente: volver a grabarlo todo, volver a poner las canciones al día, hacer que se aprovechen del rodaje que tienen y de nuestro estado musical actual (la experiencia que hayamos acumulado, los nuevos instrumentos, las nuevas técnicas aprendidas, incluso sacar todo el partido a los nuevos software de producción e interpretación musical).

Es por ello que también optamos por la inclusión de manera definitiva de un baterista real para las grabaciones del disco y los conciertos que vendrán. Porque en esencia siempre hemos tenido un sonido electrónico, por dos razones elementales: porque nos gusta, y porque no hemos tenido nunca batería en el grupo. Por fin hemos puesto remedio a esto y la mezcla de electrónica con acústico está haciendo grandes las canciones. También hemos optado por aparcar los sonidos de piano de los teclados y los sintetizadores virtuales y dejarnos un poco el presupuesto en un buen piano de cola de estudio y un nuevo sintetizador Nord Lead 2X que cubre, con creces, todas nuestras expectativas sónicas.

El resultado de todo esto es que está naciendo un disco que nos está encantando. Es orgánico, es vital, es humano, pero a la vez es electrónico, es oscuro, es preciso y matemático, sobreproducido. Es tarea de chinos (además de innecesaria) sacar un groove bueno de bateria programada cuando puedes grabar a un baterista real y añadir capas de sonido encima, para conseguir el ritmo adecuado. Es innecesario programar un piano Midi, hacerlo preciso, exacto, cuando lo que de realmente se trata es de vivir el piano; tocarlo, hacer que suene, captar la madera, y hacerlo ligeramente impreciso y, con ello, más emotivo, menos maquinal.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Escuchando las demos de las canciones a medio hacer, me doy cuenta de que tenemos canciones de antaño vueltas a grabar con muchísima más vida, muchísmo mejores a día de hoy incluso con menos calidad de sonido. En resumen, el destino de las canciones está marcado por el momento en que se plasman en un formato audible. Quiero decir con esto que una buena canción puede desgraciarse (como nos ha sucedido) si la grabas usando la instrumentación equivocada, el tiempo equivocado, la producción errada o el feeling inadecuado. O si el dia en el que la grabas estás de resaca. Del mismo modo, estos mismos factores que pueden arruinar una cación pueden hacer de otra la octava maravilla del mundo. Cada canción pide que sea grabada de una manera concreta, y no encontrarla es echarla a perder.

No somos los únicos que nos damos cuenta de esto. Hablando con músicos amateurs, conocidos y amigos nuestros, comentan también lo mismo. Y si lees entrevistas a bandas ya consagradas, verás que algunas detestan el sonido de alguno de sus discos y en directo interpretan esas canciones como es debido, no como las grabaron en su momento. Depeche Mode, por ejemplo, no está nada orgulloso del sonido de sus primeros discos, y en los directos actuales tocan aquellas canciones desde la perspectiva actual sobre ellas, mejorándolas con creces. Los escoceses Simple Minds tampoco se sienten orgullosos de la manera como las canciones del disco New Gold Dream fueron plasmadas, ya que (según ellos) no reflejan la vitalidad y emotividad que en directo tenían. ¡Y es cierto, porque la produción las ablanda tanto que puede que no las reconozcas en directo!

¿Alguien se imagina Sweet Child O'Mine grabada en formato balada, con tempo lento? ¿O Angie grabada en swing? Realmente no habrían llegado donde estan. ¡Así que, si eres músico, piensa bien cómo vas a grabar esa canción que tienes en la cabeza y en la que depositas tanta fe! Porque si te equivocas, puede que ni tu mismo seas capas de escucharla después...

sábado 8 de septiembre de 2007

WTF Jam Sessions en Jamboree

Hace poco asistí por primera vez (ya me vale, por cierto) a la jam session de los lunes del Jamboree de Barcelona, la WTF Jam Session, una jam session que reúne a algunos de los mejores instrumentistas no ya de Barcelona, sino nacionales. Gente como Reynald Colom o Llibert Fortuny se reúnen para amenizar una jam session que se puede bailar. Esto es algo que no imaginaba que pudiera ser posible, porque las veces que he acudido a una jam session siempre ha sido en la línea de "ver como sale tal a tocar un patrón estandar de música moderna, aplaudirle y ver al siguiente". Pero lo que ví ese lunes en el Jamboree, y me dijeron que siempre es así, va por otra línea, es otro mundo.


Le llaman coloquialmente y entre bastidores la jam punki, y es fácil deducir por qué. Porque sí, son todos increíbles músicos con grandísimos conocimientos de escalas, progresiones, modos, etc. y con una capacidad abrumadora de improvisar y no perderse, fruto de sus tablas en directo. Pero la gracia de la jam está en que van más allá de los estándares. Hablando en plata: que se les va la olla. Pero lo bueno del caso es que, allá donde la olla vá, sale algo maravilloso y vivo, que te deja paralizado o de lo freak que resulta, o de lo cojonudo que es.

La jam dura alrededor de tres horas, bien entrada la noche, y el ambiente es fenomenal. Está lleno hasta los topes y la gente no para de bailar y animar. La realimentación público-musicos es tan grande que parece un concierto de alguien consagrado. Y es que en parte son gente consagrada dentro del mundo de las jams, ya que sus nombres son conocidos y respetados por todos, aunque la jam está abierta a todos y puede subir cualquiera que tenga ganas de pasarlo bien. Se la juegan porque dejan subir a quien lo pide, sin referencias previas, a ver que pasa. Es ese espíritu arriesgado que hace de esta jam algo que no os podéis perder.
Id a verla un día si tenéis ocasión. No os defraudará.

sábado 25 de agosto de 2007

Pukkelpop 2007

Hola de nuevo, os escribo de vuelta de las vacaciones. He aprovechado la ruta por la zona noroeste de Europa para visitar el 3r y último día de uno de los festivales más importantes de música de Europa: Pukkelpop, en Hasselt, Bélgica. Seis escenarios y varias salas de DJ, demasiado para abarcarlo todo, así que explicaré mi experencia.

Durante la mañana estuvimos visitando varios escenarios de pasada, viendo breves instantes de actuaciones de varios grupos. Vimos mucho británico guitarrero pop, que es lo que está de moda. Quisimos ver Lacuna Coil pero por un retraso en la autopista no llegaron a tiempo y tuvieron que ser sustituidos por Enter Shikari. Cuando nos dimos cuenta del cambio, estaban a punto de salir y estábamos rodeados de un mar de adolescentes. Ya que estabamos atrapados, nos quedamos un rato y nos lo pasamos bien viendo el descaro y la actitud inocente de un grupo que no creo que sume más de 20 años de media de edad. Divertido, si más no. Practican la actual mezcla de guitarreo duro con sintetitzadores ácidos, a veces rock, a veces techno. Y mucho descaro y desparpajo.

Sparta tocaron en el Main Stage su rock heredero de U2. No estuvo mal, pero había demasiados guiños a la banda de Dublín. Silverchair ofrecieron un concierto bueno pero no espectacular. Su cantante omitió varias partes cantadas de las canciones y se recreó bastante en hacer paranoias con la guitarra (acoples, sonidos, solos con los dientes, etc), pero el público fiel se lo supo perdonar. A mi, personalmente, me cansó un poco.

Mi primera sorpresa fué con Ozark Henry, seudónomio de un conicido artista belga. Practica un pop rock muy en la onda de U2 o Coldplay (a veces excesivamente igual), pero se lo supe perdonar. Aunque fué uno de los que menos entregado ví al público (poca comunicación y una actitud relativamente distante), puedo asegurar que (a nivel musical) fué uno de los grupos más completos que ví ese día. Escuchad algo en su MySpace si tenéis ocasión (http://www.ozarkhenry.com/).

Tras Ozark Henry corrí a ver a The Sounds, el grupo sueco revelación del 2006. Fué como trasladarse a los años 80 y ver tocar a Blondie: algo impresionante. Nada que no esté ya hecho, y nada con muchas pretensiones, pero sí que puedo decir que fué uno de los conciertos más divertidos y entregados que he vivido. La actitud del grupo (pese a los visibles problemas técnicos) fué excelente, y tuvieron interesantes detalles como romper con el set para tocar Claro de Luna a piano y luego a piano y guitarra, algo que creía que hoy en día los grupos no tendrían narices de hacer. Pues ahí estaban. El bis del concierto, un tema techno pop guitarrero, fué el cierre perfecto para esta banda de jóvenes que rescatan la new wave tan de moda ahora.

Pero lo mejor, sin lugar a dudas, fué Nine Inch Nails. Debo decir que soy bastante desconocedor del trabajo de la banda de Trent Reznor (por no gustarme en exceso su sonido industrial), pero lo que vi en directo me dejó petrificado. Estuve todo el concierto inmóvil, alucinando, analizando cada uno de los cambios de luces, de los planos del VJ, de los cambios harmónicos y de tempo, cada uno de los leds luminosos que creaban impresionantes efectos que yo nunca antes había visto (como cuando pusieron la pantalla de leds delante de los músicos mostrando imagenes de ruido -como cuando la televisión no sintoniza nada- y a través de ese ruido se veía a la banda tocar por detras... increíble). El show ofrecido por NIN es de lo mejor que he visto en directo, junto al Night Of The Proms (en otro orden de cosas, claro) y el show de Roger Waters. No hubieron fallos, la interpretación fué exacta y precisa, el espectáculo fué milimétrico, hubo hasta 3 cambios de formato en el escenario (banda - DJ - banda - DJ) que se sucedieron como si nada... Realmente puedo afirmar que NIN es de lo más recomendable a día de hoy para ver en directo. Aunque no te gusten (como era mi caso), el dinero de la entrada estará muy bien gastado.

Tras ellos tocaron Tool, pero por muy mal que me sepa por ellos, preferimos cambiar sus guitarreos distorsionados por las carpas de DJ. Creo que Tool no merecían cerrar la noche tanto como lo merecían Nine Inch Nails.

¡Saludos y hasta otra!